La renuncia del ingeniero Jacob Coxon en Anthropic y sus advertencias sobre una IA que podría matar a todos antes de 2030 reavivan el debate global sobre seguridad y regulación de la superinteligencia.

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Las renuncias de investigadores clave y sus advertencias sobre la superinteligencia artificial desatan un debate global sobre la seguridad tecnológica y la urgencia de regulación ante posibles amenazas a la humanidad, con impulso legislativo en EE.UU., y llevan a Sam Altman a evaluar ralentizar el desarrollo de la IA avanzada para garantizar la seguridad.
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La renuncia del ingeniero Jacob Coxon en Anthropic y sus advertencias sobre una IA que podría matar a todos antes de 2030 reavivan el debate global sobre seguridad y regulación de la superinteligencia.
El ingeniero británico de 27 años dejó Anthropic tras trabajar en OpenAI y acusó a ambas empresas de no actuar con responsabilidad y de jugar con nuestras vidas al acelerar hacia una superinteligencia.
Coxon afirmó que los desarrolladores creen sinceramente que la IA podría matar a todos antes de que termine la década, pues los sistemas sobrehumanos podrían hackear cualquier cosa y automejorarse.
Evan Hubinger, líder de ciencia de alineación de Anthropic, reconoció que la IA podría matar a todos los humanos en la próxima década, aunque consideró bajo el riesgo de los modelos actuales.
Anthropic retiró en febrero su compromiso de pausar el desarrollo si no controlaba los riesgos, mientras OpenAI lanzó GPT-6 Astra, lo que evidencia una carrera por la superinteligencia sin regulación suficiente.
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